Érase una vez un príncipe llamado Felipe que vivía en un gran palacio junto al rey Luis y la reina Sofía y a sus cuatro hermanos.
El principe Felipe conoció a una muchacha de familia humilde y se enamoraron. La chica se llamaba Leticia y su padre la trataba muy mal, la maltrataba y ella se sentía la oveja negra de la familia.
Leticia y Felipe decidieron casarse y el padre de ella aún seguía metiéndose en la relación hasta el punto de que el día antes de la boda, le puso hora de llegada a casa a ella cuando Felipe se la llevó al cine.
Felipe contruyó un palacio para él y su amada. Al poco tiempo tuvieron una hija a la que llamaron Marina y años mas tarde dió a luz un varón.
Leticia parecía odiar a Marina. Muchas veces la comparaba con su madre porque la joven lloraba muy a menudo. Le pegaba y la humillaba, le hacía dormir a la intemperie cuando la niña se orinaba en la cama, la dejaba días sin beber agua...Felipe parecía estar ausente y sólo estaba preocupado por trabajar y mantener sus tierras y no prestaba demasiada atención a los niños.
Leticia controló la vida de su hija hasta la edad adulta. Hizo que dejase a las parejas que no le gustaban y no dejaba que Marina tomase el control de su vida. Cada hilo de la vida de la chica, era movido por su madre.
Cuando Marina cumplió 20 años comenzó a salir con un chico y Leticia lo rechazó porque según ella no era de sangre roja y dió a elegir a su hija entre quedarse a vivir en el palacio y dejar al jóven o marcharse y no volver jamás.
Marina luchó por su amor y se fue con él. Cuatro días más tarde, Leticia se había suicidado.
Lo primero que pensó Marina es que su madre lo hizo para que ella se sintiera culpable de su muerte.
Cuando Marina creció se vió envuelta en una burbuja sin aire. No era capaz de sentir seguridad en ella misma y en muchas ocasiones se sentía estancada en algunos aspectos. Tenía una autoestima baja, todo tenía que mantenerlo bajo control, dependía emocionalmente de Felipe y recordaba constantemente que él nunca hizo nada por salvarla del maltrato de su madre. Sentía un profundo miedo a cada paso que daba y creía que aún era esa niña pequeña que nadie tomaba en serio.