Marina comenzó a reflexionar sobre su vida, quería sanar a su niña interior, tratar de que estuviese en paz.
Comenzó a tener muchos sueños, sueños relacionados con su infancia, su presente y su futuro y a veces incluso pesadillas que la hacían frustrarse.
Algunas veces soñaba con abrir puertas, con peleas con su padre y su madre, soñó incluso que su padre la quería matar... Soñó que le decía a su padre:
-Deberías llamarte el "Todopoderoso".
Marina sabía que todos esos sueños y pesadillas tenían algún significado y expresaban algo...
Pero ¿Qué exactamente? ...
Empezó a investigar, buscar información y leer libros. Quería sanar su vida y para ello, estaba convencida de que tenía que empezar por reunir toda la información posible para poco a poco trabajar para llegar a su objetivo:
Encontrar la llave de su vida y coger las riendas, vivirla exactamente como la deseaba, buscar en su interior todas aquellas cosas que la hiciesen crecer y convertirse en adulta y lograr cumplir sus sueños.
Blog diseñado para matar el tiempo cuando no quieres que el tiempo te mate a tí.
martes, 21 de febrero de 2017
lunes, 20 de febrero de 2017
Una persona "amigable"
Entre los 15 y 20 años, Marina adoraba bailar. Podía sentirse libre, no le importaba si la juzgaban de una manera u otra. Cuando iba a las discotecas con amigos, se subía a la plataforma y bailaba hasta acabar rendida y sofocada, hasta que casi le faltaba el aire y tenía que salir a la calle para renovar aire limpio. Bailó durante más de un año en una academia y aunque no se sentía del todo integrada en el grupo, no quería abandonar su pasión.
Eva un día decidió que no seguiría pagándole las clases y ella tuvo que dejarlo... Su madre siempre la insultaba diciendo que era una "calientabraguetas" por subirse a las plataformas a bailar, que lo que buscaba era provocar. Marina siempre pensó que no llevaba razón en eso, además su madre ni siquiera la había visto bailar nunca, no entendía como podía llegar a pensar eso.
Una mañana, Eva mandó a Marina a comprar a la carnicería que había en la esquina de casa. Marina llegó a la tienda y se puso a hablar con el carnicero como hacían cada vez que iba ella sóla o con Eva. De pronto aquel hombre empezó a hablar de una forma de la cuál Marina empezó a ponerse muy nerviosa, al cabo de un rato, quería salir de allí.
Comenzó diciéndole que había soñado con ella, que le hacía "cosas", que si su novio de aquel entonces la había tocado alguna vez y que si no lo había hecho, ella misma podría hacerlo y más palabras y frases a las que Marina no sabía qué contestar, sólo era una chiquilla de 16 años. Continuó contándole cosas de su vida sexual privadas y que incluso le era infiel a su mujer (que en ese momento no se encontraba en la tienda). Marina estaba alucinando pero se sentía incapaz de salir corriendo de allí para que ese hombre dejase de decir aquellas palabras que sonaban repugnantes de su boca.
Se quedó callada un rato y por fin dijo: "Bueno, me voy ya... ".
De camino a casa iba a paso muy ligero pensando en lo que acababa de suceder, estaba asustada, aquel hombre que parecía tan "amigable" ahora le producía un asco tremendo.
Llegó a casa con la cara desencajada y su madre le preguntó que había pasado. Le contó parte de la conversación a Eva y ésta dijo:
-Ahora mismo voy a ir, que a mí también me ha dicho alguna vez algo,quédate aquí-
Marina se quedó en casa esperando a su madre. Pensaba que quizá debía haberla acompañado para ver qué explicación daba de los hechos.
Al cabo de un buen rato llegó Eva y le contó a su hija lo que había pasado.
-Cuando he llegado estaba su mujer con él, le he dicho lo que me has contado y constantemente decía que era mentira e incluso su mujer lo ha negado, ha dicho que su marido sería incapaz de decirte algo así -
Marina insistió en que era cierto, y que además su mujer no estaba allí en ese momento.
Su madre la creyó.
Tan sólo le pidió que no le dijera nada a su padre.
Desde aquel día, Marina no volvió a mirar la cara de ese hombre cuando se lo cruzaba por la calle.
Eva un día decidió que no seguiría pagándole las clases y ella tuvo que dejarlo... Su madre siempre la insultaba diciendo que era una "calientabraguetas" por subirse a las plataformas a bailar, que lo que buscaba era provocar. Marina siempre pensó que no llevaba razón en eso, además su madre ni siquiera la había visto bailar nunca, no entendía como podía llegar a pensar eso.
Una mañana, Eva mandó a Marina a comprar a la carnicería que había en la esquina de casa. Marina llegó a la tienda y se puso a hablar con el carnicero como hacían cada vez que iba ella sóla o con Eva. De pronto aquel hombre empezó a hablar de una forma de la cuál Marina empezó a ponerse muy nerviosa, al cabo de un rato, quería salir de allí.
Comenzó diciéndole que había soñado con ella, que le hacía "cosas", que si su novio de aquel entonces la había tocado alguna vez y que si no lo había hecho, ella misma podría hacerlo y más palabras y frases a las que Marina no sabía qué contestar, sólo era una chiquilla de 16 años. Continuó contándole cosas de su vida sexual privadas y que incluso le era infiel a su mujer (que en ese momento no se encontraba en la tienda). Marina estaba alucinando pero se sentía incapaz de salir corriendo de allí para que ese hombre dejase de decir aquellas palabras que sonaban repugnantes de su boca.
Se quedó callada un rato y por fin dijo: "Bueno, me voy ya... ".
De camino a casa iba a paso muy ligero pensando en lo que acababa de suceder, estaba asustada, aquel hombre que parecía tan "amigable" ahora le producía un asco tremendo.
Llegó a casa con la cara desencajada y su madre le preguntó que había pasado. Le contó parte de la conversación a Eva y ésta dijo:
-Ahora mismo voy a ir, que a mí también me ha dicho alguna vez algo,quédate aquí-
Marina se quedó en casa esperando a su madre. Pensaba que quizá debía haberla acompañado para ver qué explicación daba de los hechos.
Al cabo de un buen rato llegó Eva y le contó a su hija lo que había pasado.
-Cuando he llegado estaba su mujer con él, le he dicho lo que me has contado y constantemente decía que era mentira e incluso su mujer lo ha negado, ha dicho que su marido sería incapaz de decirte algo así -
Marina insistió en que era cierto, y que además su mujer no estaba allí en ese momento.
Su madre la creyó.
Tan sólo le pidió que no le dijera nada a su padre.
Desde aquel día, Marina no volvió a mirar la cara de ese hombre cuando se lo cruzaba por la calle.
jueves, 9 de febrero de 2017
Recuerdos amargos
En su memoria empezaron a aparecer momentos felices con ellos, pero más aún, momentos amargos.
Recordaba que nunca le había faltado de nada, que viajaron a muchos lugares juntos (aunque en algún viaje se comportó de forma "depresiva" porque no le gustó o no quería ir). Recordaba como en muchas ocasiones, sus padres e incluso algunos profesores decían:
-Ésta chica siempre está llorando... -
Empezó a pensar porque nadie se preguntó nunca, a que venía esa actitud. Su madre incluso se enfadaba aún más si la veía llorar o decía la frase "No lo sé ", eso la desquiciaba...
-Como te vuelva a ver llorar o decir "no lo sé " te voy a estampar los sesos contra la pared-
-Te pareces a tu abuela, siempre llorando por todo-
Esas frases se quedaron marcadas para siempre en Marina.
A los 14 años, Marina empezó a tocar la trompeta en una banda de Tambores y Cornetas. Un día hablando con un compañero sobre alimentación éste le dijo: -¿Tú no serás de esas chicas que se obsesionan con el cuerpo? Si es así, quítatelo de la cabeza, tu estás muy buena así -
Marina se echó a reír y en ese momento, sintió una subidón de autoestima.
Cuando llegó a casa, hablando con Eva de cómo había ido el ensayo le contó la la conversación con su compañero.
Eva comenzó a reirse y le dijo:
-Que ignorante, y tú te lo has creído, haberle dicho sí, estoy obsesionada con el cuerpo porque me pego atracones de comida y luego lo vomito-
Recordaba que nunca le había faltado de nada, que viajaron a muchos lugares juntos (aunque en algún viaje se comportó de forma "depresiva" porque no le gustó o no quería ir). Recordaba como en muchas ocasiones, sus padres e incluso algunos profesores decían:
-Ésta chica siempre está llorando... -
Empezó a pensar porque nadie se preguntó nunca, a que venía esa actitud. Su madre incluso se enfadaba aún más si la veía llorar o decía la frase "No lo sé ", eso la desquiciaba...
-Como te vuelva a ver llorar o decir "no lo sé " te voy a estampar los sesos contra la pared-
-Te pareces a tu abuela, siempre llorando por todo-
Esas frases se quedaron marcadas para siempre en Marina.
A los 14 años, Marina empezó a tocar la trompeta en una banda de Tambores y Cornetas. Un día hablando con un compañero sobre alimentación éste le dijo: -¿Tú no serás de esas chicas que se obsesionan con el cuerpo? Si es así, quítatelo de la cabeza, tu estás muy buena así -
Marina se echó a reír y en ese momento, sintió una subidón de autoestima.
Cuando llegó a casa, hablando con Eva de cómo había ido el ensayo le contó la la conversación con su compañero.
Eva comenzó a reirse y le dijo:
-Que ignorante, y tú te lo has creído, haberle dicho sí, estoy obsesionada con el cuerpo porque me pego atracones de comida y luego lo vomito-
miércoles, 8 de febrero de 2017
Aquella frase de ella
Marina pasaba los días en el trabajo hablando con su hermano, había días de conversación que no cambiaba por nada del mundo, y cuando su padre estaba en la misma habitación que ellos, todo era silencio...
Empezó a evitar hablar con él para así, no tener que discutir por nada, hablaba solo lo imprescindible. Su padre, parecía reaccionar de manera indiferente o se comportaba igual.
Marina buscó información en internet, todos los dias escuchaba audios, leía libros sobre familias tóxicas, buscó ayuda de un profesional para salir de todo ese caos que le hacía sufrir tanto.
Comenzó a ser consciente de muchas cosas, algunas incluso, de su pasado, guardaba un rato del día para hacer meditación y yoga, ésto le ayudaba a calmar la ansiedad y a pasar los días de forma diferente.
Todo ésto le hizo también recordar algunas cosas que sus padres le hacían, palabras, acusaciones, burlas...
Recordaba aquella frase que su madre le dijo una vez cuando tenía unos 17 o 18 años:
-Nunca dependas de nadie...-
Empezó a evitar hablar con él para así, no tener que discutir por nada, hablaba solo lo imprescindible. Su padre, parecía reaccionar de manera indiferente o se comportaba igual.
Marina buscó información en internet, todos los dias escuchaba audios, leía libros sobre familias tóxicas, buscó ayuda de un profesional para salir de todo ese caos que le hacía sufrir tanto.
Comenzó a ser consciente de muchas cosas, algunas incluso, de su pasado, guardaba un rato del día para hacer meditación y yoga, ésto le ayudaba a calmar la ansiedad y a pasar los días de forma diferente.
Todo ésto le hizo también recordar algunas cosas que sus padres le hacían, palabras, acusaciones, burlas...
Recordaba aquella frase que su madre le dijo una vez cuando tenía unos 17 o 18 años:
-Nunca dependas de nadie...-
martes, 7 de febrero de 2017
No esperes nada
Pedro les ofreció la oportunidad de prestarles el dinero que necesitasen para la casa y que ellos se lo fueran devolviendo conforme pudieran.
Encontraron una casa en el pueblo de Samuel peuqeña pero muy acojedora. Cuando ya tenían casi todo listo para firmar la señal que pedía el vendedor, éste decidió no venderles la casa para seguir viviendo allí. Asi que finalmente, la ilusión que les invadía aquellos días se esfumó.
Meses más tarde el trabajo en el taller de Pedro fue flojeando ligeramente y le comunicó a su hija que dada la situación, si les salía otra oportunidad como la anterior, no podría prestarles el dinero. Marina pensó que por un lado, quizá era lo mejor, así no tendría que depender de él en ningún momento en ese aspecto.
Finalmente encontraron una casa de alquiler les gustó y se quedaron ahí.
Marina seguía trabajando con Pedro y con el dinero que ganaba podía ir saliendo poco a poco adelante, por ésto, le costaba aún más dejar ese trabajo y buscar otro. Ya no tenía que ocuparse de las tareas de la casa, pero sí que seguía yendo al mediodía para preparar la comida. Comía con Pedro y su hermano porque Samuel trabajaba en su pueblo y venía a casa cuando ya era de noche.
Pedro no se metió en la decisión aunque sí que cuestionaba cosas como porqué se hacían cuenta en un banco y no en otro... Marina estaba verdaderamente harta, a solas lloraba por todo lo que no sabía como impedir que pasase, por la actitud que su padre tenía con ella y con su hermano, vivía momentos de ansiedad que no era capaz de controlar.
Estaba cansada de las excusas de su padre que no quería darle de alta y poder cotizar aunque fuese unos meses, "cuando cambie el gobierno...", y cuando cambiaba, no sucedía, cansada de hacer una discusión por todo y de no poder aguantarse las ganas de entrar en el juego y acabar enfrentada con Pedro, y éste empezar a vocear como si no hubiera un mañana diciendo que lo que tendría que hacer era morirse, o acabar como Eva, cansada de que su padre siempre llevase la razón en todo, de que todo lo supiera y se intentase siempre quedar por encima de todos, cansada de la manipulación, de las mentiras, de que si intentaba hablar y decirle lo que pensaba su padre se fuese sin escucharla, de que no hubiera comunicación de ningún tipo, que todo lo quisiera controlar y ella le dejara hacerlo, de que nunca mostrase arrepentimiento por nada de lo que hacía o decía, de que hablase de ella con su hermano y viceversa, de que le intentase hacer responsable de cosas que no eran responsabilidad suya....
-¿Te ha dicho tu hijo lo que tiene en el banco?- le dijo, después rectificó y cambió la palabra hijo por la de hermano.
-No, ni me interesa- contestó Marina.
Aún así, hacía oídos sordos y seguía hablando, soltando todo lo que se le venía a la cabeza.
-Le quedan 0000 euros y mientras aquí como un rey, que le paguen todo, mientras él se gasta el dinero-
Marina se quedó en silencio, quería evitar el conflicto.
Cuando se volvieron a ver, Pedro se dirigió a ella de mal humor y le dijo:
-¿Y porqué dices que no te interesa lo que te dije, te da igual lo que pase en la casa?-
-Te he dicho que no me interesa lo que tenga en el banco- contestó Marina.
-Si...si aquí el malo soy yo siempre porque gruño, igual que me has preguntado por el médico que sabes que he ido....-
En ese preciso momento Marina pensó..."Tanto he esperado yo de tí duante tanto tiempo...."
Encontraron una casa en el pueblo de Samuel peuqeña pero muy acojedora. Cuando ya tenían casi todo listo para firmar la señal que pedía el vendedor, éste decidió no venderles la casa para seguir viviendo allí. Asi que finalmente, la ilusión que les invadía aquellos días se esfumó.
Meses más tarde el trabajo en el taller de Pedro fue flojeando ligeramente y le comunicó a su hija que dada la situación, si les salía otra oportunidad como la anterior, no podría prestarles el dinero. Marina pensó que por un lado, quizá era lo mejor, así no tendría que depender de él en ningún momento en ese aspecto.
Finalmente encontraron una casa de alquiler les gustó y se quedaron ahí.
Marina seguía trabajando con Pedro y con el dinero que ganaba podía ir saliendo poco a poco adelante, por ésto, le costaba aún más dejar ese trabajo y buscar otro. Ya no tenía que ocuparse de las tareas de la casa, pero sí que seguía yendo al mediodía para preparar la comida. Comía con Pedro y su hermano porque Samuel trabajaba en su pueblo y venía a casa cuando ya era de noche.
Pedro no se metió en la decisión aunque sí que cuestionaba cosas como porqué se hacían cuenta en un banco y no en otro... Marina estaba verdaderamente harta, a solas lloraba por todo lo que no sabía como impedir que pasase, por la actitud que su padre tenía con ella y con su hermano, vivía momentos de ansiedad que no era capaz de controlar.
Estaba cansada de las excusas de su padre que no quería darle de alta y poder cotizar aunque fuese unos meses, "cuando cambie el gobierno...", y cuando cambiaba, no sucedía, cansada de hacer una discusión por todo y de no poder aguantarse las ganas de entrar en el juego y acabar enfrentada con Pedro, y éste empezar a vocear como si no hubiera un mañana diciendo que lo que tendría que hacer era morirse, o acabar como Eva, cansada de que su padre siempre llevase la razón en todo, de que todo lo supiera y se intentase siempre quedar por encima de todos, cansada de la manipulación, de las mentiras, de que si intentaba hablar y decirle lo que pensaba su padre se fuese sin escucharla, de que no hubiera comunicación de ningún tipo, que todo lo quisiera controlar y ella le dejara hacerlo, de que nunca mostrase arrepentimiento por nada de lo que hacía o decía, de que hablase de ella con su hermano y viceversa, de que le intentase hacer responsable de cosas que no eran responsabilidad suya....
-¿Te ha dicho tu hijo lo que tiene en el banco?- le dijo, después rectificó y cambió la palabra hijo por la de hermano.
-No, ni me interesa- contestó Marina.
Aún así, hacía oídos sordos y seguía hablando, soltando todo lo que se le venía a la cabeza.
-Le quedan 0000 euros y mientras aquí como un rey, que le paguen todo, mientras él se gasta el dinero-
Marina se quedó en silencio, quería evitar el conflicto.
Cuando se volvieron a ver, Pedro se dirigió a ella de mal humor y le dijo:
-¿Y porqué dices que no te interesa lo que te dije, te da igual lo que pase en la casa?-
-Te he dicho que no me interesa lo que tenga en el banco- contestó Marina.
-Si...si aquí el malo soy yo siempre porque gruño, igual que me has preguntado por el médico que sabes que he ido....-
En ese preciso momento Marina pensó..."Tanto he esperado yo de tí duante tanto tiempo...."
jueves, 2 de febrero de 2017
La "nueva vida"
Salió de allí con una sensación de impotencia, estuvo bastante tiempo metida en el coche llorando. Se sentía fracasada.
Al día siguiente no podía parar de pensar en el día anterior y tras varias horas de reflexión llamó a su jefa para comunicarle que no quería seguir allí por el momento. Le costó muchísimo coger el teléfono y marcar, sus pulsaciones se aceleraban. Tras varios tonos no hubo respuesta, al rato volvió a llamar y nada. Decidió entonces enviarle un mensaje, se sentía mal por "dejarla tirada" justo el día que más gente iría a aquel bar.
Llegó a tener miedo incluso de que su padre le reprochase que hubiese dejado el trabajo, pero no lo hizo.
Su inseguridad la hizo irse quedando cada vez más estancada, el miedo hacía que no fuese capaz de hacer muchas cosas, y afrontar sóla circunstancias de la vida, ponía excusas y siempre le encontraba alguna pega a todo.
Las frases de su padre como. "Si yo me muero que haréis vosotros " hacían de ella una chica insignificante que nunca sería capaz de hacer nada sin ayuda de alguien y dejaba que los demás viviesen su vida por ella.
Samuel y Marina querían independizarse pronto, Marina deseaba con muchas ganas ese momento, por fin podría ser un poco más libre y compatir su vida con el hombre que amaba.
Durante casi un año estuvieron barajando varias opciones. Sus ideas desde el principio siempre habían sido comprarse una casa pero Marina no tenía nómina y era muy difícil que les concediesen una hipoteca sólo con el sueldo de uno de ellos.
Al día siguiente no podía parar de pensar en el día anterior y tras varias horas de reflexión llamó a su jefa para comunicarle que no quería seguir allí por el momento. Le costó muchísimo coger el teléfono y marcar, sus pulsaciones se aceleraban. Tras varios tonos no hubo respuesta, al rato volvió a llamar y nada. Decidió entonces enviarle un mensaje, se sentía mal por "dejarla tirada" justo el día que más gente iría a aquel bar.
Llegó a tener miedo incluso de que su padre le reprochase que hubiese dejado el trabajo, pero no lo hizo.
Su inseguridad la hizo irse quedando cada vez más estancada, el miedo hacía que no fuese capaz de hacer muchas cosas, y afrontar sóla circunstancias de la vida, ponía excusas y siempre le encontraba alguna pega a todo.
Las frases de su padre como. "Si yo me muero que haréis vosotros " hacían de ella una chica insignificante que nunca sería capaz de hacer nada sin ayuda de alguien y dejaba que los demás viviesen su vida por ella.
Samuel y Marina querían independizarse pronto, Marina deseaba con muchas ganas ese momento, por fin podría ser un poco más libre y compatir su vida con el hombre que amaba.
Durante casi un año estuvieron barajando varias opciones. Sus ideas desde el principio siempre habían sido comprarse una casa pero Marina no tenía nómina y era muy difícil que les concediesen una hipoteca sólo con el sueldo de uno de ellos.
miércoles, 1 de febrero de 2017
La ira se iba apoderando
Ella no se sentía valorada trabajando con Pedro. Trataba de ser eficaz, incluso de ayudar para que hubiera más trabajo haciendo páginas en Facebook, creando una web... Pero eso no servía para hacer que se sintiera más valorada por el empeño que ponía. Llegó a pensar que quizá él quería que trabajase con él no para ayudarla a ella, sino para satisfacer sus propias necesidades y así no tener que contratar a nadie en su lugar.
Marina jamás recibió una muestra de cariño o un simple "Te quiero" por parte de Pedro. Si que la ayudó en varias ocasiones, pero ella pensaba que si le ayudaba de corazón no tenía que echarle en cara jamás nada.
Su madre Eva, aunque la hubiera tratado mal, nunca lo hizo. Era una persona generosa con ella, y nunca le faltó de nada (en forma material).
La llamaron para trabajar en un bar de ayudante de cocina. Marina estaba tremendamente nerviosa, no sabía si estaría preparada para realizar el trabajo. De camino al bar, se intentaba autoconvencer de que todo saldría bien, sería capaz de lograrlo, se repitió una y mil veces "Tú puedes". Aparcó el coche y estuvo dentro unos minutos, se armó de valor y fue hacia bar.
Al entrar a la cocina un hombre muy amable le explicó rápidamente que platos tenían, dónde estaban los utensilios, no había mucho tiempo, el servicio empezaría en pocos minutos.
Marina intentó relajarse, al fin y al cabo no era tan complicado. La jefa entró y le explicó que quería que aprendiera todo para que a partir de la semana siguiente, pudiera quedarse sola sirviendo en la barra y preparando en la cocina para cuando empezase el servicio de la noche.
Cuando Marina escuchó aquello, empezó a agobiarse mucho. Pensaba en que tenía que aprenderse los platos, servir en la barra, preparar para el servicio y mientras ir dejando limpia la cocina, y por supuesto atender a los proveedores que traían el género.
Le parecía una tarea imposible, aunque su jefa comentaba que hasta ahora lo había hecho ella sola.
Ese primer día en la cocina fue traquilo, no había demasiada gente en el bar, pero la ansiedad que se apoderó de la jóven la hizo creer que estaba abarrotado y además su jefa empezaba a darse cuenta:
-Pues si estás así hoy que no hay nadie, no me imagino mañana que está esto hasta los topes-.
Marina veía como la miraba y negaba con la cabeza y poco a poco se fue sintiendo más frustrada.
Marina jamás recibió una muestra de cariño o un simple "Te quiero" por parte de Pedro. Si que la ayudó en varias ocasiones, pero ella pensaba que si le ayudaba de corazón no tenía que echarle en cara jamás nada.
Su madre Eva, aunque la hubiera tratado mal, nunca lo hizo. Era una persona generosa con ella, y nunca le faltó de nada (en forma material).
La llamaron para trabajar en un bar de ayudante de cocina. Marina estaba tremendamente nerviosa, no sabía si estaría preparada para realizar el trabajo. De camino al bar, se intentaba autoconvencer de que todo saldría bien, sería capaz de lograrlo, se repitió una y mil veces "Tú puedes". Aparcó el coche y estuvo dentro unos minutos, se armó de valor y fue hacia bar.
Al entrar a la cocina un hombre muy amable le explicó rápidamente que platos tenían, dónde estaban los utensilios, no había mucho tiempo, el servicio empezaría en pocos minutos.
Marina intentó relajarse, al fin y al cabo no era tan complicado. La jefa entró y le explicó que quería que aprendiera todo para que a partir de la semana siguiente, pudiera quedarse sola sirviendo en la barra y preparando en la cocina para cuando empezase el servicio de la noche.
Cuando Marina escuchó aquello, empezó a agobiarse mucho. Pensaba en que tenía que aprenderse los platos, servir en la barra, preparar para el servicio y mientras ir dejando limpia la cocina, y por supuesto atender a los proveedores que traían el género.
Le parecía una tarea imposible, aunque su jefa comentaba que hasta ahora lo había hecho ella sola.
Ese primer día en la cocina fue traquilo, no había demasiada gente en el bar, pero la ansiedad que se apoderó de la jóven la hizo creer que estaba abarrotado y además su jefa empezaba a darse cuenta:
-Pues si estás así hoy que no hay nadie, no me imagino mañana que está esto hasta los topes-.
Marina veía como la miraba y negaba con la cabeza y poco a poco se fue sintiendo más frustrada.
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