Pedro les ofreció la oportunidad de prestarles el dinero que necesitasen para la casa y que ellos se lo fueran devolviendo conforme pudieran.
Encontraron una casa en el pueblo de Samuel peuqeña pero muy acojedora. Cuando ya tenían casi todo listo para firmar la señal que pedía el vendedor, éste decidió no venderles la casa para seguir viviendo allí. Asi que finalmente, la ilusión que les invadía aquellos días se esfumó.
Meses más tarde el trabajo en el taller de Pedro fue flojeando ligeramente y le comunicó a su hija que dada la situación, si les salía otra oportunidad como la anterior, no podría prestarles el dinero. Marina pensó que por un lado, quizá era lo mejor, así no tendría que depender de él en ningún momento en ese aspecto.
Finalmente encontraron una casa de alquiler les gustó y se quedaron ahí.
Marina seguía trabajando con Pedro y con el dinero que ganaba podía ir saliendo poco a poco adelante, por ésto, le costaba aún más dejar ese trabajo y buscar otro. Ya no tenía que ocuparse de las tareas de la casa, pero sí que seguía yendo al mediodía para preparar la comida. Comía con Pedro y su hermano porque Samuel trabajaba en su pueblo y venía a casa cuando ya era de noche.
Pedro no se metió en la decisión aunque sí que cuestionaba cosas como porqué se hacían cuenta en un banco y no en otro... Marina estaba verdaderamente harta, a solas lloraba por todo lo que no sabía como impedir que pasase, por la actitud que su padre tenía con ella y con su hermano, vivía momentos de ansiedad que no era capaz de controlar.
Estaba cansada de las excusas de su padre que no quería darle de alta y poder cotizar aunque fuese unos meses, "cuando cambie el gobierno...", y cuando cambiaba, no sucedía, cansada de hacer una discusión por todo y de no poder aguantarse las ganas de entrar en el juego y acabar enfrentada con Pedro, y éste empezar a vocear como si no hubiera un mañana diciendo que lo que tendría que hacer era morirse, o acabar como Eva, cansada de que su padre siempre llevase la razón en todo, de que todo lo supiera y se intentase siempre quedar por encima de todos, cansada de la manipulación, de las mentiras, de que si intentaba hablar y decirle lo que pensaba su padre se fuese sin escucharla, de que no hubiera comunicación de ningún tipo, que todo lo quisiera controlar y ella le dejara hacerlo, de que nunca mostrase arrepentimiento por nada de lo que hacía o decía, de que hablase de ella con su hermano y viceversa, de que le intentase hacer responsable de cosas que no eran responsabilidad suya....
-¿Te ha dicho tu hijo lo que tiene en el banco?- le dijo, después rectificó y cambió la palabra hijo por la de hermano.
-No, ni me interesa- contestó Marina.
Aún así, hacía oídos sordos y seguía hablando, soltando todo lo que se le venía a la cabeza.
-Le quedan 0000 euros y mientras aquí como un rey, que le paguen todo, mientras él se gasta el dinero-
Marina se quedó en silencio, quería evitar el conflicto.
Cuando se volvieron a ver, Pedro se dirigió a ella de mal humor y le dijo:
-¿Y porqué dices que no te interesa lo que te dije, te da igual lo que pase en la casa?-
-Te he dicho que no me interesa lo que tenga en el banco- contestó Marina.
-Si...si aquí el malo soy yo siempre porque gruño, igual que me has preguntado por el médico que sabes que he ido....-
En ese preciso momento Marina pensó..."Tanto he esperado yo de tí duante tanto tiempo...."
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