La carta a los "Reyes Magos" no hizo ningún efecto. Al principio parecía que algo iba a cambiar en sus actitudes, pero no fue así. Marina seguía enfadada siempre por el poco interés que tenían en colaborar en la casa, y al final, la mayoría de las tareas, le tocaban a ella.
Marina empezó a convertirse en una persona insegura, en una niña encerrada en el cuerpo de una mujer. Se ponía roja casi con cualquier cosa, y aunque era algo involuntario que no podía controlar, le afectaba a su estado de ánimo. Recordaba aquella ocasión cuando realizando las prácticas en una farmacia, un cliente le pidió cambiar un billete y ella le dió todo el cambio que había en la caja pensando que quizá tenían cambio en otro cajón. Su compañera, que trabajaba allí desde hace años empezó a regañarle y a decirle que ahora tenían un problema porque se habían quedado sin cambio.
Marina vió reflejada a su madre en aquella chica. Le pareció exagerada su reacción, tanto que ella se quedó bloqueada y no fue capaz de responderle. Solo agachó la cabeza y se fue. Depués la compañera se lo contó a la jefa y Marina se sintió aún peor. No creía que fuese algo tan importante como para llegar a ese punto.
A los quince dias, Marina tenía que asistir a una tutoria para contar que tal le había ido en la farmacia.
Cuando le contó a la profesora la anécdota con su compañera, sintió vergüenza, se empezó a poner roja y ya no sabía si era más esa vergüenza por la anécdota o por el hecho de que toda la clase y aquella profesora la estaban mirando y eso le ponía muy nerviosa. Fue un momento amargo. Su profesora quedó sorprendida por la reacción que tuvo en la farmacia: -No pensé tú que fueses así.
La verdad es que no era la primera vez que escuchaba aquella frase.
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