miércoles, 28 de diciembre de 2016

Ese sentimiento

Transladaron el cuerpo de Eva al tanatorio del pueblo vecino. Marina y su familia llegó antes, porque había que realizarle una autopsia para confirmar las causas de la muerte. Al estar allí, su tía Teresa le avisó de que Samuel había llegado y le pidió que lo recibiera en la calle. Ella salió y fue corriendo a abrazar a Samuel, no se dijeron nada, sobraban las palabras en es momento...Samuel le dijo que se iba a ir enseguida porque le estaban diciéndo cosas...y es que la prima lejana de Marina empezó a echarlo de allí, gritándole y hasta la madre de ésta y Teresa tuvieron que sujetarla porque estaba demasiado nerviosa. Marina no entendía quién era ella para echar de allí a Samuel ni porqué se ponía de esa forma.
El tiempo en el tanatorio pasó rápido. Toda su familia estaba allí, incluso fue el Alcade del pueblo y sus compañeros de Protección Civil para darles su pésame. También fue la madre y hermana de aquel chico con el que estuvo saliendo a quién Eva llamaba "El mariquita", estuvo con la joven un largo rato y le llevó algo de beber.
Esa noche ninguno pegó ojo. Marina estuvo sentada en uno de los sofás mirándola continuamente y esperando quizá, un milagro...Pero por otro lado había un sentimiento que ella no quería ver, un sentimiento que le hacía sentir vergüenza y le hacía sentir culpable, un sentimiento muy parecido a la palabra Libertad.

Realmente quería que su madre despertase en cualquier instante ¿Qué haría sin ella?, pero sabía que si eso sucedía todo volvería a ser como era.
Tuvo la ocasión de poder despedirse de su madre. Pasaron a una sala y Marina le dió un beso en la mejilla, dejando marcado en ese beso, el dolor de aquel día.

Al día siguiente se celebró el entierro. Marina y su familia estaban destrozados. La iglesia estaba llena, había mucha gente que conocía a Eva. Ella era una persona muy sociable y fuera del entorno familiar se mostraba divertida y muy extrovertida.
En el cementerio volvió a verla por última vez, estaba guapa. Eva siempre salía maquillada a la calle, aunque sólo fuese a ir a comprar una barra de pan.
Hasta en su lecho de muerte, no le faltó ese maquillaje (algo que fue a petición de Marina).

Llegaron a casa  y su padre les pidió que fuesen a dormir un rato, había sido un día terrible y todos estaban muy cansados.

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