jueves, 15 de diciembre de 2016

Jóvenes Vampiros Psíquicos


A pesar de todo, Marina seguía pareciendo una chica alegre, al menos cuando salía de esa casa del infierno.
En el Colegio no era la mejor de la clase en cuanto a nivel académico, pero tampoco la peor. En clase, ponía empeño, le echaba ganas, pero pocas veces veía buenos resultados.
A medida que fue creciendo tuvo alguna que otra amiga íntima que la apoyaba y escuchaba.
Cuando tenía unos 13 años, empezó a salir con un chico. Sus padres, al principio, no le pusieron impedimento, solo le pedían que no se subiera con él en su moto.

Una mañana en clase, Marina empezó a hablar con una compañera con la que se sentaba en clase y se  llevaba bien, entre broma y broma, a Marina se le ocurrió decirle:-¡A la salida me esperas!-, la otra chica sabía que ese comentarío no iba por donde los compañeros de Marina empezaron a insinuar cuando la escucharon decirlo. Utilizaron la excusa del comentario como si Marina quisiera pegarle a la salida a la otra chica y éstos, empezaron a amenazar a Marina. Su compañera les explicó que estaban de broma, pero aún así, casi 30 niños esperaron a Marina a la salida del instituto.
Al salir a la calle, Marina no podía creerse lo que estaba viendo, algunas niñas empezaron a empujarla, otras le tiraban de la mochila-carrito que llevaba, otros le insultaban diciéndole "llori" y cosas peores. Marina no sabía cómo defenderse, lo único que se le ocurrió fue llamar "Puta" a unachica que le insultaba. Compañeros que hasta ese momento nunca se habían metido con ella, también estaban allí.
Su compañera de pupitre, corrió hasta la casa de Marina y avisó a sus padres de lo que estaba pasando. Mientras, apareció aquel chico con el que ella salía y le pidió que se subiera a la moto, quería sacarla de allí. Marína no podía, le había prometido a sus padres que nunca se subiría a la moto de aquel chico.

Pronto apareció Pedro, y al verlo todos los chicos y chicas desaparecieron.
Marina estaba tremendamente triste, le contó a su padre lo que había pasado y éste le acompañó al instituto para hablar con el director.

Al día siguiente, los compañeros pidieron perdón a Marina uno por uno, pero ella sabía perfectamente que ninguno estaba arrepentido de lo que habían hecho. Y aún más se dió cuenta porque las cosas seguían igual, ya no le pegaban, pero no dejaban de insultarla o humillarla.
 

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