Al llegar la Nochevieja, Marina celebró el día con su familia.Acudieron primas, tias...era una celebración que hacía feliz a la jóven porque se reunían toda esa familia que quería, y aunque faltase más gente, no pasaban ni un minuto de aburrimiento.
Marina seguía viéndose a escondidas con Samuel, como pasó con sus anteriores relaciones. Su hermano Rubén lo sabía, pero le prometió no contar nada. Estuvo un tiempo castigada, pero aún así se las ingeniaba para quedar con él cuando venía de sus prácticas aunque solo se viesen 10 o 15 minutos. Marina valoraba mucho que Samuel, acudiese cada día a verla desde su pueblo para verse solo ese ratito. Sabía que la quería de verdad.
La nochevieja era especial, y sobretodo cuando acabase la cena. Pensaban verse después en la discoteca, celebrar juntos el año nuevo, pero en cuestión de minutos todo eso que tenían planeado, se esfumó.
Eva llamó desde la cocina a su hija varias veces para que la ayudase, Marina estaba tan entretenida hablando con sus primas que ni la escuchó. De pronto, Eva se acercó hasta ella de mal humor y le dijo que la estaba llamando desde hacía rato a lo que Marina contestó que no la había escuchado con tanto jaleo. Su madre le prohibió que saliera esa noche...Hasta la familia que allí estaba trató de convencer a Eva para que no castigase esa noche a su hija, era un día festivo, y la jóven quería salir a divertirse, además ya tenía 20 años.
De todos modos, no hubo forma, su madre se negó rotundamente, Marina le pidió perdón, no podía sorportar la idea de no ver a Samuel esa noche. Eva mandó a su hija a la cama y ésta obedeció entre sollozos. Esa noche Marina estaba llena de odio, no pegó ojo, lloraba sin cesar, sólo le quedó el consuelo de poder hablar con Samuel por mensajes.
Al menos de ese modo, siendo discreta, sería difícil que le pillasen, Marina no soltaba el teléfono ni un segundo.
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