A partir de aquellos acontecimientos Eva, empezó a violar la intimidad de su hija leyendo sus diarios, quitándoselos, (aunque ella volviese una y otra vez a escribirlos) metiéndose continuamente en su vida, haciéndola sentir culpable de algunos problemas que tuviese el matrimonio, consiguiendo que se sintiese inútil como cuando le decía quera una ignorante, que nunca encontraría un trabajo porque no valdría para ello, o amenazándola cada vez que Eva le preguntaba sobre cualquier cosa y ella contestaba: -"No lo sé"-, a lo que su madre le decía: -Cómo vuelvas a decir "no lo sé" te meto una hostia"-. Marina, temerosa, no sabía como agradar a su madre, todo lo que hacía o decía, estaba mal, para ella nunca era lo suficientemente buena, o lo suficientemente eficaz en algo, o la llamaba "Puta" por estar saliendo con alguién, nunca, jamás sería la hija idónea para Eva.
Eva siempre hechaba en cara a su hija que ella siempre había querido más a su padre. Marina sentía que llevaba algo de razón en eso, quizá no le hacía demasiado caso, nunca se interesaba por sus notas aunque sí las cuestionaba o hacía comentarios como:- Haber si la próxima vez lo haces mejor, o sacas mejor nota- aunque esa calificación fuera buena. Nunca había hablado con sus profesores o ayudado a hacer la tarea, nunca hubo muestras de cariño salvo aquel beso que recibía por las noches y que en esa época ya había dejado de recibir, nunca hubo "te quieros"...No hubo nada de eso, pero Marina no le prestaba demasiada atención a esos detalles, solo agradecía que su padre no le pegase. Sólo recordaba una noche en la que estando Marina en la calle jugando con sus amigos, su madre empezó a llamarla desde el balcón para que subiese a casa. Ella estaba tan entretenida que no se enteró de la llamada de su madre. Al cabo de un rato vió a su padre aparecer enfurecido y le pidió que subiera a la casa.Al entrar, Pedro empezó a gritarle y al subir la escalera la empujó y cayó al suelo. Marina lloraba desconsolada. Cuando llegó arriba, su madre seguía voceando y pegándole, recriminándole que si estaba sorda, que sólo escuchaba lo qué quería y cosas así. Con el tiempo, Marina llegó a pensar que quizá su padre, lo hizo porque su madre le insistió, lo influenciaba o algo parecido, porque él pocas veces le había pegado, y menos aún de esa manera y con esa fuerza.
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